NICOLÁS ORDÓÑEZ CARRILLO. BOGOTÁ. 1977.

photographer

Glamour en los escombros

La exposición propone una mirada incisiva a la sociedad cubana contemporánea. Lo hace desde las marcas culturales que porta el vestir y el discurso de la pose y lo bello. Una pose que devela ?el aquí y el ahora? del cubano ?de a pie?. Un ser signado por el decadentismo epocal en el que subsiste y que deja traslucir las huellas en su propia imagen. Por tanto, la exposición amalgama, sin contradicción alguna, lo grotesco y lo lúdico con la tragicidad soterrada. Son sujetos encontrados en la calle y retratados en ella. Pero el espacio se omite por una gran tela blanca transportable, ubicada casi al abandono, como telón de fondo. La pulcritud y el perfeccionismo quedan exentos en estas representaciones. El instante en toda su crudeza sale a flote intencionalmente desde la belleza del margen. Pero el telón blanco lejos de homogeneizar el discurso y sus actores, hace implosionar la diversidad. Lo popular y plural se imponen como marcas sociales que se renuevan en cada retrato. El discurso de la moda sirve de pretexto visual, o más bien, punto de partida hacia costuras más psicológicas del sujeto representado. Actitud, indumentaria y expresividad convergen desde la simpleza que porta la imagen. El naturalismo y sencillez como ejes rectores, sin dejar escapar la perenne aridez que se trasluce. No hay acá posiciones estudiadas, preconcebidas. Vende la libertad del modelo de mostrase tal cual y sentirse bello. Se trabaja con el concepto de moda y la anulación de sus más caros paradigmas desde la ironía. La exposición busca la provocación. Lo hace desde lo lúdico; un juego ambivalente donde el sentido del humor intenta armar retazos de historias fabuladas desde el retrato. La moda deviene símbolo de identidad. Portavoz de un desmontaje de modelo nacional ?si es que existe--. La exposición recrea un espacio poblado de criaturas inquietantes desde el propio desenfado que porta el lente y la nación. Bajo la corteza sinflictiva que exhiben los modelos, reposa una acidez que no empaña la mirada amable y jocosa con que se consumen estos cubanos. Pero la ironía solapada y el morbo por el margen permean a todos y vienen a edificar un poderoso subtexto: es esta la metonimia de un momento histórico: es esta la Cuba de ahora, bordeada por el final de un siglo, bajo los signos de un pensamiento y selección estética que aflora nuevas representaciones y credos sociales; el glamour de los escombros. Jacqueline Venet
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